Fronteras – Juan José Téllez

Marruecos vota en referéndum una Constitución o una Carta Otorgada. Pero vota algo. Y la iniciativa ha partido de la propia Casa Real a partir de las protestas populares y multitudinarias del 20 de febrero y semanas consecutivas. La primavera marroquí tiene forma de urna y eso no es malo. Otra cosa estriba en los contenidos constitucionales acordados por una comisión hecha a la medida del poder marroquí, tanto de Palacio como del omnipresente majzén. No se le pueden pedir peras al olmo.

La campaña previa al referéndum del 1 de julio ha ido adquiriendo intensidad en la medida en que una oposición plural y heterodoxa ha logrado acuñar su mensaje abstencionista en las calles o en la red y los partidos, sindicatos e instituciones partidarias de la reforma constitucional han incrementado sus caravanas, sus mítines de última hora orquestados desde el gobierno civil de las wilayas o sus llamadas al voto que incluso incluyó por primera vez la posibilidad de ejercerlo a través de los establecimientos consulares o incluso en los puertos de Algeciras y de Almería por donde circulan en estos días miles de emigrantes marroquíes en Europa que pretenden pasar sus vacaciones estivales en casa. Incluso los imanes de las mezquitas, en su mayoría controlados por las autoridades salvo algunas llamativas excepciones, aprovecharon los rezos del viernes para llamar a la participación: “Este proyecto incluye todos los beneficios que necesita nuestra sociedad para organizar su vida cotidiana, que seguirá así apegada a los fundamentos religiosos”, predicaron en todas las mezquitas justo una semana antes del referéndum.. La consulta alcanza a 13 millones de personas incluyendo a quienes visten uniformes del Ejército y de las fuerzas de seguridad. El propio Rey anunció que votaría y que votaría sí a un nuevo modelo de Constitución que recorte sensiblemente sus poderes incluso su consideración sagrada, aunque mantenga a través del artículo 19 la condición islámica de Comendador de los Creyentes, algo que para algunos puede suponer incluso un freno para los yihadistas y que para otros importa muy poco, tanto para los integristas radicales violentos o no, como para el resto de la ciudadanía. En rigor, su inviolabilidad legal será similar a la del Rey de España.

La flamante Constitución saldrá adelante sí o sí. Hay dos claves a tener en cuenta: el dato de la abstención y si el recuento será verdaderamente fiable. El clima político se palpa de diferentes formas en el Marruecos rural, cada vez más desértico, y en las ciudades. No ha faltado el apedreamiento de los opositores a manos de esquiroles o partidarios de la reforma propuesta, quizá por aquello de que la letra con sangre entra. En la mayoría de las grandes urbes, bajo un espectacular despliegue policial que teme sin duda atentados como el de la reciente matanza de la Jemaa El Fna en Marraquech, se han convocados movilizaciones a favor y en contra de este proyecto constitucional. Las aulas universitarias o se han vaciado o se han llenado de acciones políticas en su mayoría partidarias de reformas mucho más profundas de las que promueve Mohamed VI, que pretende aproximarse a la monarquía parlamentaria pero nadando y guardando la ropa al mismo tiempo.

¿Cuáles son las líneas maestras de la reforma? Mayor poder para el ejecutivo, que podrá incluso disolver el Parlamento asumiendo facultades que hasta ahora estaban reservadas a la Corona, incrementando también las potestades parlamentarias y fomentando la creación de un Consejo Superior del Poder Judicial, presidido eso sí por el monarca. De los ministerios de soberanía, cuya designación le está reservada gobierne quien gobierne, Mohamed VI sólo se reserva el de Defensa, con el nombramiento directo del ministro y del jefe de los servicios secretos, así como el de Asuntos Religiosos. No se trata de un Estado laico sino que el Islam se prefigura como religión oficial del mismo y aunque el artículo 41 de la nueva Constitución establece que el rey “es el garante de la libertad de la práctica religiosa” y existe libertad de culto, sigue sin recogerse la libertad de conciencia, lo que impide en la práctica que un musulmán pueda cambiar de religión.

El rey tendrá que nombrar como primer ministro al candidato del partido más votado: hasta ahora, podía designar a quien creyese conveniente con independencia de los resultados electorales. Sin embargo, el monarca se reserva la potestad de conocer previamente los acuerdos de gobierno, para sancionarlos antes de que sean ejecutados. Incluyendo, por supuesto, la designación de ministros y altos cargos.

La Constitución acepta que la lengua bereber, el amazigh, sea oficial, apuesta por la diversidad identitaria al aceptar textualmente “el componente hebreo” de la sociedad marroquí y abre una puerta para la creación de una suerte de estado de las autonomías en donde tenga cabida un trato especial para el Sáhara Occidental, pero muy lejos de las reivindicaciones del POLISARIO o del espíritu inicial del acuerdo de paz auspiciado por Naciones Unidas y que reclamaba, a comienzos de los 90, un referéndum de autodeterminación. Esta Carta Otorgada pretende consagrar la igualdad entre hombres y mujeres, así como la protección de los derechos humanos universalmente reconocidos: a pesar de la reforma de la mudawana, todavía queda mucho por hacer en el primero de dichos ámbitos y las denuncias de las ONGs y de los observadores internacionales sobre la violación constante de derechos civiles y humanos en Marruecos daría para llenar varias bibliotecas.

El rey seguirá conservando como Jefe del Estado y al igual que en el caso español la jefatura de los ejércitos y presidirá un Consejo Superior de Seguridad, con presencia del poder legislativo, ejecutivo y judicial, cuya misión estriba textualmente en “gestionar los asuntos de seguridad internos, estructurales e imprevistos”.

Mohamed VI  también seguirá designando a los gobernadores que en teoría dependen del ministerio del Interior cuyas plenas competencias ya se le escaparán a partir de ahora. Esa reserva de poder político es una de las cuestiones que mayores protestas suscita entre la disidencia, en especial dentro del Movimiento 20 de Febrero que teóricamente moviliza a 60.000 personas aunque tampoco sea fácil de contrastar dicha cifra y que califican a esta consulta como una auténtica “mascarada”.¿De qué servirán los cambios si no hay transparencia electoral?, se preguntan. A favor de la abstención, se posiciona  Justicia y Caridad, los integristas radicales cuyo portavoz Fathallah Arsalan insisten en que “la Constitución refuerza las prerrogativas absolutas del rey”. Sin embargo, dicha postura resulta compartida por formaciones que nada guardan relación con el grupo que crease el jeque Yassin. De hecho, el boicot constitucional también forma parte de la agenda política del Congreso Nacional Unificado, el Partido de la Vanguardia Democrática y Social, la Vía Democrática y el Partido de la Izquierda Unificada, así como por el sindicato Confederación Democrática del Trabajo (CDT). A favor del boicot, Tánger vivió espectaculares manifestaciones, cuyos promotores llegan a cifrar en doscientos mil asistentes, muy por encima de las cotas de Casablanca y de otras poblaciones donde durante la jornada del referéndum también se vivieron, según denuncia el movimiento 20 de Febrero, intentos de soborno a los trabajadores para que acudiesen a los colegios electorales.

La oposición convencional acata sin embargo la consulta y la nueva Constitución, desde las distintas formaciones socialistas tradicionales, al partido nacionalista Istiqlal, o el Partido de la Justicia y del Desarrollo, con fuerte presencia en grandes ciudades y que ya fuera creado en tiempos de Hasán II como formación integrista modera para frenar a la semiclandestina organización Justicia y Caridad. Sin embargo, en este proceso muchos ven la mano del joven y cada vez más poderoso Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), liderado por Fuad Ali El Himma, que se presenta como “el amigo del rey” y que logró una clara victoria en las elecciones municipales de 2009, al hacerse con 6.015 concejalías y 1.155.000 votos, alrededor del 18,72 % del total de los sufragios, seguido a gran distancia por el Istiqlal, la Agrupación Nacional de Independientes y la Unión Socialista de Fuerzas Populares.

Atención a El Himma, de apenas 48 años de edad, compañero de aula de Mohamed VI en el Colegio Real, que ha creado un partido de la nada y no sólo ha logrado atomizar a la oposición sino venderse como una formación que, por un lado asume la tradición marroquí de los tecnócratas y notables afines a Palacio, sino que también hereda el espíritu reformista de la UCD española. Con anterioridad a las últimas municipales, dicha formación se alimentó de tránsfugas de distintas formaciones y de unos recursos excepcionales, le presentan como la gran opción de los tecnócratas que no sólo convence al majzén sino a las emergentes clases medias que, en gran medida, también son actores protagonistas de esta reforma constitucional.

Justo la cara opuesta, probablemente a Vía Democrática, un partido minoritario, que se reclama todavía marxista leninista, laico, republicano y que, al menos durante la campaña del referéndum, ha tenido por primera vez la posibilidad de acceder a espacios televisivos pero de escasa duración aunque su relevancia haya sido optimizada a través de la red. Via Democrática, de hecho, reclama “la elección de una Asamblea constituyente para la elaboración de una Constitución democrática que reencarna la voluntad del pueblo marroquí como autoridad soberana y fuente de todos los poderes, que rompa con el actual régimen autoritario y unipersonal”, así como 2el desmantelamiento y la disolución de todos los aparatos de represión responsables de crímenes políticos y el enjuiciamiento de sus autores”, que desde luego, hoy no toca. Como tampoco toca otra de sus reivindicaciones, la del “procesamiento de todos los responsables de delitos económicos relacionados con la corrupción, expolio y saqueo de las riquezas del país, así como la confiscación de todos sus bienes y propiedades”.

Tan lento a la hora de ir afrontando las reformas que anunciara diez años atrás cuando llegó al trono, Mohamed VI ha sido especialmente rápido en anunciar el cambio constitucional, crear a dedo una comisión que la redacte sin ningún tipo de participación de la sociedad civil y auspiciar una brevísima campaña previa a la consulta, apenas diez días para difundir el contenido de 180 artículos a una población que registra todavía niveles de analfabetismo próximos al 50 por ciento.

Cualquiera que sepa leer sabrá que, a pesar de algunas reformas de cierta importancia, el Rey seguirá siendo algo más que un árbitro y un garante de las libertades en Marruecos.

(3) Comentarios

  1. bel

    En las imágenes de tv que he visto las urnas que vaciaban al final de la jornada no estaban muy llenas que digamos. También hubo personas que votaron por otros, llamadas a los presidentes de mesa para “aumentar” la participación, “inducción” al “sí” por parte defuncionarios del Interior…
    Bueno, un verdadero ejemplo de democracia. Por si fuera poco, desde los medios de comunicación hubo un campaña o mejor dicho, monólogo, favorable al SÍ, donde los partidarios del NO no aparecieron ni por asomo. Incluso en la tv belga aparecieron imágenes de cámara oculta donde en una manifestación de partidarios del rey una mujer pedía a algún policía o funcionario que le diera ya el dinero, que estaba harta y quería irse a casa. En ningún momento se han mostrado iágenes de las multitudinarias manifestaciones del movimiento 20 de febrero que llamaban al boicot al referéndum. Y encima van España, Francia y Alemania y felicitan al país por los resultados… Bochornoso… A fin y al cabo todo se mueve por intereses. Mientras tanto los pobres pierden hasta su voto…

  2. un apunte: la constitución votada por un sí muy sospechoso (tanto porque la gran parte de los votantes ni siquiera han leído el texto y votaban un simple sí por el rey, probablemente temerosos de consecuencias indeseables tras la campaña, como por la probable fabricación de votos e inflación de la participación)no cambia nada en la “realidad” marroquí.vamos por partes: el rey deja de ser una persona sagrada para convertirse en una persona cuyo “respeto” es obligado (el juez obviamente es quien determinará el grado de respeto en caso de conflicto de opinión) y me pregunto : ¿qué significa considerar el carácter sagrado del rey, si no es atribuirle un “máximo” de respeto? ¡sobre todo si tenemos en cuenta de que el rey tendrá el derecho de designar 5 y decisivos miembros del consejo judicial! entonces en realidad el juez seguirá dependiendo del rey, y el rey seguirá siendo por otra e incompatible parte, un importante actor del “juego” ya que su familia gestiona el 60% de las acciones disputadas en la bolsa de Casablanca…por otra parte y se cita en este texto que el poder ejecutivo tendrá poder de disolver el parlamento. No es del todo correcto. El primer ministro segun la “constitución a medida” tendrá derecho a pedirle al rey que disuelva una o las dos cámaras o que cese de sus funciones a un ministro…mientras el rey que seguirá presidiendo el consejo de ministros y del que delegará la presidencia solo tras una autorización clara al primer ministro, tendrá la potestad de cesar de sus funciones a los ministros y disolver las dos cámaras sin consultarlo con nadie y simplemente avisando al primer ministro…
    de todas formas no se esperaba nada mejor de una constitución hecha por un consejo formado a dedo por el rey, y de una primavera que está viendo como los frutos egipcios, tunecinos o sirios, se están secando sin dar provecho a los pueblos más que zetas venenosas…

  3. yop

    Cada día que pasa la soberbia de los déspotas pierde un poco de su propia integridad estructural. Nunca hemos estado tan cerca de conseguir lo que queríamos. Mañana será un gran día. Pero sólo si tu mueves ficha.

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