Fronteras – Juan José Téllez

Al letrero del Café Hafa se le ha caído la hache. Pero la luna turca rielaba ayer martes sobre el Estrecho de Gibraltar, desde sus terrazas en las afueras de Tánger cuando ya corría como la pólvora que el rey Mohamed VI había nombrado como presidente del Gobierno –esa es la nueva denominación constitucional de los antiguos primeros ministros—a Abdelila Benkiran, el líder del Partido de la Justicia y Desarrollo. Se trata de  una organización islamista que ya acarició la victoria en 2007 tras largos años en los que el majzén marroquí impedía que se presentara por todas las circunscripciones del reino. El pasado viernes 25 de noviembre se hizo, sin embargo, con la victoria en los primeros comicios que Marruecos celebra tras la tan abrumadora como sospechosa aprobación de la nueva Constitución el pasado 2 de julio. Toda una operación de maquillaje democrático por parte de la dinastía alauita que vio como se mojaban las barbas de algunos de sus vecinos y decidió improvisar una reforma política antes de que el movimiento popular 20 de febrero tuviese suficiente fuerza como para moverle el trono.

Elecciones 25 de Noviembre, 2011. Marruecos (AP Photo)

En Marruecos, al contrario que en Túnez o Egipto, todo parece controlado desde el régimen. Quizá porque a Estados Unidos le interese sobremanera su estabilidad como plataforma del futuro Africom, el mando unificado que pretende combatir sobre el terreno a Al Qaeda del Magreb Islámico, para lo que está levantando una formidable base militar en Tan Tan. Pero los jóvenes rebeldes del 20-F no se sienten concernidos por esa reforma ni por las elecciones del viernes: el domingo, recorrían las calles tangerinas y las de otras de las más importantes ciudades del país. Se trataba de una marcha cívica pero segregada, en donde las opciones laicistas desfilaban a cierta distancia de los islamistas de Justicia y Espiritualidad, que tampoco aceptan el nuevo texto de la Constitución porque sigue considerando a Mohamed VI como comendador de los creyentes. Y los autores de la reforma terminaron por incluir dicha prerrogativa coránica a fin de evitar que la pérdida de esa condición empujara a ese grupo del anciano jeque Abdesalam Yassin a radicalizar sus posiciones. No en balde, él no reconoce la autoridad del rey porque su linaje también entronca con el profeta. Y, para colmo, su hija Nadia Yassin ya se definió hace tiempo como islamista pero republicana. Leer más