Fronteras – Juan José Téllez

Familiar de una víctima de los crímenes de la dictadura argentina durante la lectura de las condenas (Armando Camino)

Aquello fue un mal tango, Malena. Los milicos torturaban a modo en la Escuela de Mecánica de la Armada y en otras cloacas de un Estado sin derechos mientras tu vieja libertad criolla huía a menudo hacia la Europa de Julio Cortázar. La picana no quebró nunca tu vieja dignidad gaucha, aunque la Junta Militar soñara con aniquilar hasta a los indiferentes. No desapareció la esperanza aunque desaparecieran los hijos y nietos de esas eternas mujeres de los pañuelos que cada jueves siguen desfilando en torno a la Plaza de Mayo, la plaza mayor de todos los meses justicieros aunque no necesariamente justicialistas, la glorieta de los años sin ellos pero con sus ideas a cuestas y el bulevar de los tiempos rotos, demandando respuestas y exigiendo justicia.

Allí, junto al mar a donde arrojaban a los disidentes desde los helicópteros de última generación, acaban de empapelar a doce de aquellos oficiales que volvieron sus armas contra el pueblo al que habían jurado defender. Ni sombra de arrepentimiento, su crimen de cuello blanco y de manos sucias, sigue utilizando la coartada de la patria, las palabras mayúsculas de los supremos intereses del Estado para justificar tanta masacre. Leer más